LNB · 23 de Junio de 2021

Independiente 1995: el inolvidable sello del gigante pampeano en la Liga

El 24 de junio del 95 se desató una verdadera fiesta en Pico con la consagración del Rojo, uno de los grandes equipos de la historia de la Liga que ese día se alzó con su tan anhelada estrella. Se cumplen 26 años de esa gesta.

Lo deseó tanto que finalmente lo consiguió. El paso de Independiente de General Pico en la Liga Nacional es uno de los más recordados por las emociones que generó un equipo que cautivó a todos y que fue sensación en la década de los '90. Armó grandes planteles y quedó grabado en la memoria de todos, pero fue en 1995 cuando consiguió trepar por primera y única vez a la cima de todo, la gran estrella a la que tanto quiso abrazarse y ese título que tanto buscó.

Aquella noche del 24 de junio donde le ganó el quinto punto de las Finales a Olimpia de Venado Tuerto resulta una fecha emblemática para cualquier memorioso, y aún más para la ciudad de General Pico y toda La Pampa.

Tiempos dorados para el básquet pampeano, con un alcance único y nunca antes visto a nivel nacional. Independiente había ascendido a la máxima categoría en el 93 proveniente del TNA, y ya en la consecuente incursión en la elite logró dejar una enorme impresión debido a que alcanzó las finales por el título de la Liga Nacional. Para lamento del club, en esa campaña Peñarol le arrebató la ilusión de ser campeón, pero un año después los piquenses tuvieron revancha.

"En la primera temporada que tuvimos jugamos la final de la Liga, perdimos contra Peñarol. Hicimos una tremenda temporada ese año, pero en el siguiente torneo se nos va Mike Wilson. Todo esto hizo que sin dudas el jugador y combo perfecto que necesitaba ese equipo para salir campeón sea Esteban De La Fuente, a mi entender el mejor 3 que jugó en la Liga y en ese entonces el mejor jugador. Se sumó también Malru Dottin y reconfirmaron a Melvin Johnson, que terminó siendo vital, pero obviamente que ficharlo a Esteban al equipo y el venir de jugar la final anterior nos ponía en un lugar hermoso de cara a lo que venía", empieza a contar Facundo Sucatzky en comunicación con Prensa AdC.

Esteban De La Fuente era el jugador que todos codiciaban en ese entonces. En Independiente se dio un caso curioso porque pasó de ser verdugo a convertirse en un héroe, ya que el Cabezón venía de ser figura en aquel Peñarol que el año anterior había dejado sin título al Rojo. El Gigante de la Avenida ya no lo volvería a ver más como un rival, sino que pasó a ser una de sus glorias y un jugador que llenó de satisfacciones a toda la institución.

"Después de salir campeón con Peñarol me empiezan a llegar ofertas y la primera que llega para esa 1994/95 es la de Independiente, equipo al que habíamos derrotado en la final de la temporada anterior. En ese momento ya no analicé ninguna otra oferta, lo hablé con mi agente en ese entonces y no quise ver ninguna otra opción. Estaba decidido que quería jugar ahí", comienza recordando el Cabezón.

¿Qué impulsó al MVP de las Finales del 94 el mudarse de Mar del Plata a General Pico? De La Fuente explica que el equipo pampeano planteaba una forma e idea de juego muy seductora. Ese Independiente maravillaba por su solidaridad, por el entendimiento que mostraban dentro de la cancha y la claridad con la que jugaba al básquet.

"El equipo de Independiente que había sido subcampeón ya tenía una manera de jugar que personalmente me gustaba mucho, y durante toda esa temporada lo considerábamos uno de los equipos más difíciles de jugar y complicados a la hora de defender. Las ganas de volver a jugar con Melvin Johnson, que había sido cortado en Quilmes, también me tiraban mucho, pero principalmente me seducía ese estilo de juego que tenía el equipo, y conocía a muchos de los jugadores que tenía, algunos compartiendo equipo y otros por haberlos enfrentado durante muchos años. Y Mario Guzmán, que era un técnico que tenía una idea muy clara de lo que quería plasmar dentro de una cancha".

De La Fuente fue el factor clave de aquel equipo tan imponente. Venía de romperla en el Milrayitas (17,1 puntos y 6,0 rebotes), pero subió la apuesta y en Independiente consiguió su mejor año a nivel promedio en ataque, tomando mayores responsabilidades. Fue el jugador top del equipo y quedó en evidencia incluso desde los números desorbitantes que firmó (21,0 puntos, 5,7 rebotes y 3,4 asistencias en 55 partidos).

"Más allá de irme del equipo campeón para jugar en el equipo que salió subcampeón, que desde ya hacía que la presión sea mucha, significó uno de los desafíos más grandes de mi carrera. Esto independientemente de lo que bien que yo sentía y creía que podía llegar a jugar en ese plantel, con esos compañeros y con ese entrenador. Decidí irme y lo disfruté muchísimo porque calzaba justo con lo que a mí me gustaba hacer dentro de una cancha. Después con el correr de la temporada el equipo necesitó que haga otras cosas, que a veces las podía hacer tranquilamente pero nunca antes las había hecho, como anotar un poco más y demás, pero recuerdo ese año con mucho cariño y nostalgia", continúa detallando el alero.

Pero claro, De La Fuente pudo haber sido el jugador franquicia pero no el único determinante. Sucatzky, uno de los mejores bases de la historia de nuestra Liga, manejaba los hilos de ese equipo y también tuvo un actuación sobresaliente, una máquina de talento, generando juego para sus compañeros pero también teniendo el aro entre ceja y ceja (15,0 puntos y 5,5 asistencias). Facundo tenía apenas 22 años durante gran parte de esa temporada (cumplió los 23 en abril, dos meses antes de alzarse campeón), pero su brillo se notó y mucho en esos años en Pico.

Si a esto le sumamos a dos grandes extranjeros como Melvin Johnson (23,6 puntos y 8,3 rebotes) y Malru Dottin (15,6 puntos y 7,7 rebotes), la calidad del Chino Jorge Zulberti (17,0 puntos), y un plantel donde también aparecían Pablo Lamare, Alberto Falasconi, Aldo Yódice, Franco De Onofrio, Marco Oyola, Jorge Sánchez y Pablo Cariddi, no caben dudas que estábamos ante nombres que permitían soñar despierto. Era la base del subcampeón, pero con el agregado de dos jugadores como De La Fuente y Dottin que profundizaron la jerarquía del equipo y potenciaron aún más las chances de gloria.

"El equipo nunca sintió la presión de salir campeón. Si tuvimos altibajos durante la temporada, pero tuvo mucho que ver con que Esteban se lesionó el tendón de Aquiles. Podía jugar más o menos, no faltaba nunca pero algunas veces lo hizo con mucho dolor, y eso hizo que nuestro equipo no se ensamblara del todo bien hasta que el Cabezón estuviese 10 puntos. Ese fue el momento en el que el equipo se terminó de acomodar, y con eso nos ilusionó a todos de que se podía llegar bien lejos. Después, cuando arrancaron los playoffs, nadie lo decía pero la sintonía de juego y el control que teníamos en los partidos, guiados por Mario Guzmán y su cuerpo técnico, nos hacía sentir internamente que estábamos para salir campeones", rememora Sucatzky.

El Rojo siempre se mostró como candidato por todo lo que supo labrar desde su figura y desde el talento que exhibió tanto individual como colectivo. Si bien alternó todo ese campañón con algunas derrotas, apenas un par de partidos perdidos en la segunda fase inmutaron muy poco a unos pampeanos que nunca sacaron el pie del acelerador. Solamente una vez cayó en playoffs y fue en la serie final, con un registro de 10-1 en una postemporada que iba a ser de ensueño.

"Una vez que el equipo se ensambló nunca más se cayó, nunca tuvo una duda de nada. Al contrario, siempre tuvo una mentalidad firme y fuerte, porque siempre supo a lo que jugaba. Era un equipo súper bondadoso, con cero egoísmos donde todos sabíamos bien el rol que teníamos que cumplir, y donde todos sabíamos que en cada noche había alguien diferente que nos podía hacer ganar. Para mí, uno de los tres mejores equipos de la historia de la Liga fue aquel Independiente de Pico campeón", resume con contundencia el base santafesino.

Independiente arrancó las Finales ante Olimpia con dos grandes victorias en casa, la primera por 124-117 y la segunda por 88-84. En el siguiente encuentro perdería en Venado Tuerto (107-93), sin embargo se recuperó rápido y en un juego para alquilar balcones se llevó el cuarto punto por 108-107 en tiempo suplementario. Con la serie match point, la historia regresó a Pico donde aquel 24/6 el equipo de Guzmán ganó por 130-111, sentenciando la serie (4 a 1) y desatando el festejo de todos.

"El grupo fue súper receptivo, la ciudad te hacía sentir como que estabas en una familia y el correr de la temporada, más allá de algunos inconvenientes de lesiones y demás, se desarrolló con normalidad. Sabíamos que íbamos a ser un equipo difícil en los playoffs, que no nos iban a poder ganar. Era el equipo soñado para jugar. No por nada todos los jugadores que participaron en ese plantel entendían su rol, e independientemente de jugar mucho o poco todos hicieron un gran papel a la hora de jugar. Era un equipo sin egoísmos, que pensaba solamente en ganar y con una meta muy clara que era salir campeón", resumió De La Fuente, que por segunda vez consecutiva fue elegido como el MVP de las Finales.

Nueve temporadas y un éxito resonante para el Rojo de General Pico, habiendo jugado cuatro finales de Liga (tres subcampeonatos y el título del 95). Dejó una huella imborrable en nuestra competencia, un sello que se mantiene vivo a través de sus protagonistas y todos aquellos que pudieron apreciar a ese equipo que jugaba tan bien al básquet.

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