Informes Especiales · 30 de Abril de 2020

Quilmes

#HijosDeLaLiga: La historia de Juan y Esteban De La Fuente

Nos adentramos en la intimidad de los De La Fuente. El Cabezón, el padre, es uno de los grandes históricos que tiene la Liga Nacional, dos veces campeón y MVP de las Finales LNB. Juane, el hijo, es uno de los valores más prometedores de nuestro básquet, con paso por selección formativas y de la cuna de Quilmes.

Por Lucas Leiva

Cuando las raíces son los mismas, los caminos suelen tomar rumbo similares. En La Liga hay varios casos de estos. Está en la sangre, en los genes, en ese legado que uno, el padre, triunfante y con un recorrido ejemplar, le deja a su hijo, que toma la mochila y cargado de sueños va en busca de su propia historia. Hará el camino a su manera, de su forma, con su estilo, lo escribirá con su propia pluma, pero siempre es una valiosa guía tener como padre a un gran ejemplo.

En este sentido #HijosDeLaLiga relatará la historia de los De La Fuente.

Por un lado tenemos a Esteban Pablo, el padre. El Cabezón es uno de los máximos valores dentro de la historia de nuestra Liga Nacional. Uno de los mejores jugadores de todos los tiempos; dos veces campeón de Liga de la mano de Peñarol (1993/94) e Independiente de General Pico (1994/95) subrayando que además fue elegido como el MVP de aquellas dos Finales; dos veces en su carrera marcó un triple doble; uno de los jugadores con más partidos jugados y más puntos convertidos en la historia.

En casi 20 años de Liga, vistió también los colores de River, Quilmes de Mar del Plata, Estudiantes de Concordia, Boca e Independiente de Neuquén; mientras que con la selección argentina disputó Juegos Olímpicos (Atlanta 1996), dos Mundiales (Argentina 1990 y Grecia 1998) y fue campeón en 1995 del Panamericano de Mar del Plata. Hoy, el Cabezón es coordinador de básquet en el Club Once Unidos.

Por otro lado, tenemos a Juan Esteban, el hijo. Juane es uno de los jóvenes de mejor proyección dentro de la Liga. Con apenas 19 años, tiene unas condiciones más que interesantes, física y técnicamente hablando aparece como un prospecto prometedor, y aunque obviamente todavía es muy joven y deberá desarrollarse mucho más, también es cierto que su talento es exquisito y ya empieza a demostrar condiciones excelentes. Hoy en Quilmes, viene de hacer una muy buena 2019/20 de la Liga Argentina, en un escalón que le ha servido muchísimo para su desarrollo y donde promedió registros de 15,9 puntos y 4,1 rebotes en 27,9 minutos por noche.

Siempre parte del club marplatense y con destaque también en Liga de Desarrollo, hay que destacar que el joven escolta también tuvo varios procesos con los seleccionados formativos de Argentina, como Mundial U17 (España 2016), Mundial U19 (Grecia 2019) y uno de los puntos fuertes de su aún corta carrera como los Juegos Olímpicos de la Juventud donde fue medalla de oro en Buenos Aires 2018. Juane tiene todo un camino por recorrer, y va camino a ello buscando desafíos e intentando superar los objetivos que se vayan planteando.


EL CABEZÓN, UNA LEYENDA EN LA LIGA

El Cabezón, ícono de la Liga Nacional (foto: La Capital)

Tanto a nivel selección argentina como así también dentro de la Liga Nacional, Esteban es uno de los jugadores más importantes que ha tenido la historia. Lo respaldan 10 torneos oficiales con el combinado nacional, como así también sus casi dos décadas dentro de nuestra competición, sus dos títulos en la máxima categoría y top en los registros más importantes de los 35 años de Liga, siendo uno de los emblemas de la década del '90.

En este sentido, con su particular humor, el Cabezón es bastante medida con respecto a su visión propia desde lo personal. Lejos de creérsela y con una tonada distendida, argumenta que técnicamente no era muy dotado, aunque también es cierto que su carácter y el ser un todoterreno lo llevó a siempre querer superarse, en esa ambición de conseguir todo lo que logró en su extensa trayectoria.

"El otro día estaba mirando un par de partidos viejos por Facebook. Yo también soy un poco así historiador como Juane, veo partidos del Beto Cabrera en blanco y negro con cancha de baldosas. Pero cuando me veo no sé cómo llegué a jugar al básquet (risas). Me gusta ver, igual hay veces que me miro y pienso 'No podía jugar así, mirá el desastre que tiré'. Soy muy malo conmigo mismo (risas)".

Refiriéndose a los títulos y en esta lógica de que en el deporte uno siempre va a perder más veces de las que gana, De La Fuente padre dio su perspectiva al respecto, argumentando que no importa cuántos títulos o reconocimientos pueda lograr un jugador, siempre, al otro día, es empezar de nuevo, para defender lo que ganaste o para tener revancha del ayer.

"Jugué desde los 15 hasta los 38, después tengo dos años de TNA, tres años que me fui a jugar a Brasil... y salí dos veces campeón. Y todos los años empezaba de nuevo. Y me daba cuenta que después de salir campeón, tenía que empezar de nuevo como si me hubiese ido mal. No tenés mucho margen. Arrancás de cero siempre. Yo salí campeón dos veces de la Liga y el primer partido del año me tocó perder, ganar o jugar mal, pero ya había pasado el campeonato, era dar una vuelta de página. Arrancamos todos desde cero igual. Todo lo que hiciste anteriormente no sirve de nada. Lamentablemente no sirve, es anecdótico después".

"Es poco reconocido porque hay muchos que han hecho mucho esfuerzo y no han tenido la suerte de ganar un título. Y muchos buenos jugadores. Con Eduardo hablamos mucho, y a él le tocó en una época donde estaban Espil, Campana, Bernardini... y Eduardo podría tranquilamente haber sido el 2 titular de la selección, pero tenía como 5 adelante y es complicado. Pero bueno, como muchos de esos amigos míos que saben que no pudieron pero hicieron todo para poder, aunque no se les haya dado. La verdad, al fin y al cabo, que hayas sido campeón o no, no te define de si sos buenísimo o sos horrible", añade.

Por su parte, en el caso de Juane, pudo ver a su papá muy poco ya que Esteban se retiró cuando su hijo todavía era muy pequeño. El último paso por Liga fue en 2007/08 jugando para Independiente de Neuquén, y si bien no lo recuerda mucho Juane tiene todo un concepto bien desarrollado sobre su padre. El seguirlo por videos y esos breves recuerdos lo ayudaron a conformar una imagen del Cabezón.

"No lo vi nada casi nada a mi viejo. Tengo muy pocos recuerdos de los últimos dos años antes de que se retire. Hace unos años recuerdo que me vi bastantes partidos suyos, los conseguía y me los veía a todos. Partidos largos, enteros, finales o normales. Era una época tremenda. Creo que mi viejo fue quien es por su carácter, por su actitud, porque me parece que siempre donde estuvo lideró".

"Un tipo muy sacrificado, si tenía que hacer cero puntos, algunos rebotes y asistencias para ganar, dándole la pelota a sus compañeros, no tengo duda de que lo iba a hacer, nunca hubiese jugado por un número estadístico ni ningún promedio. Creo que así fue como logró todo lo que logró y el personaje que se formó, con esa humildad, que todos lo quieran, que sea la pieza clave para salir campeón porque era ese engranaje que hacía funcionar todo. Un tipo fuerte, pesado, alto, ágil, con contextura, y cuando quería te mataba a pelotazos. Y su apellido lo hizo valer, por eso es sumamente respetado".


JUANE Y UN AMOR INEVITABLE: EL BÁSQUET

Un pequeño Juane junto a papá Esteban, en esos primeros años de amor al básquet

"Juane me vio un par de años nomás", arranca contando el Cabezón sobre su hijo. "Es un chico que en el ADN tiene metido el básquet. Cuando volvimos de Brasil que vinimos para Quilmes, llegamos para noviembre con la Liga ya empezada, Juane hablaba portugués y acá en Mar del Plata cumplió 4 años. Desde ese día siempre, en cada entrenamiento, en los partidos, se sentaba en el banco de suplentes... todo el día".

Y es que estaba prácticamente, el tener contacto desde muy chico con el básquet hizo que Juane se enamorara rápidamente del deporte. Si bien nació en nuestro país (en el 2000, cuando el Cabezón jugaba para Boca), a los pocos meses la familia se fue a vivir a Brasil, y a la vuelta, en su regreso a Mar del Plata con Quilmes, Juane comenzó a tener ese contacto más directo con el básquet y llegó ese flechazo.

"Creo que no podía haberme inclinado por otra cosa (risas). Con el básquet era el lugar donde más pasaba tiempo. Estaba en el colegio, de ahí me iba al club a entrenar, y si no estaba entrenando estaba con mi viejo viendo básquet o entrenando con él, o acompañándolo a dirigir partidos. En cualquier cosa que fuese de básquet yo me metía. Volvimos de Brasil, me anoté en el jardín y al día siguiente ya estaba también anotado en el club", explica el joven De La Fuente.

Lleno de anécdotas más allá de las compartidas con su padre, Juan explica que en las concentraciones o los viajes con el equipo al lado de Esteban también lo marcaron en esa pasión por el básquet. Con algo de esa habitual chispa despierta que tienen los más chicos, en ese entonces el escolta jugaba con jugadores de gran trayectoria en nuestra liga, como uno de los surgidos en Mar del Plata, Facundo Piñero.

"Me iba a las giras del equipo, me colaba en el hotel donde paraba el equipo, en el bondi, a veces me ponía al lado del Gallego en el banco del equipo (NdR: Mira, el histórico utilero de Quilmes), era una mosca, lo volvía loco. Tengo hermosos recuerdos de esa época. Era yo solo, la pelota y la práctica de Quilmes, de 9 de Julio, de Independiente de Neuquén también... ya llegaba un punto que jodía bastante y me metía a tirar al aro (risas), los jugadores elongaban y yo estaba jodiendo. No me quedaba otra quizá, pero era lo que me a mí me gustaba. También sé que si hubiese sido otro chico y no me gustase el básquet no me hubiese ido a la cancha, me quedaba en casa con mi mamá, pero la verdad es que me encantó desde el primer momento".

"A los 10-11 años recuerdo que viajé a una gira con Quilmes, que estaba dirigiendo mi viejo, y me acuerdo que andaba para todos lados. Me metía a las piezas, jugaba a las cartas, al Uno con Faca Piñero, Pini Salles, Nico Bastarrica... con todos. Tenía 10 años. Es como si el hijo de Manu Gelpi estuviese conmigo todo el día, diciéndome de jugar un uno contra uno, o jugar a tirar de tres. Creo que en mi caso era insoportable, una pesadilla (risas). Ahora el año pasado a muchos de estos jugadores me los cruzaba, como a Faca que lo vi un montón de veces. Y es muy loco, porque es inevitable acordarse de esa época y de cuando jugábamos uno contra uno".

Por su parte, Esteban no puede ocultar su admiración enorme por su hijo, el único varón. Y en ese sentido detalla que nunca le impusieron desde la familia el seguir sus pasos, sino que se fue dando por simple naturalidad, desde todas las cosas que empezó a vivir Juane desde chico y el estímulo que recibió a temprana edad.

"Obviamente que estoy recontra enamorado de mi hijo y del camino que va tomando. La verdad es que nunca se lo inculcamos. Tuvo una cantidad de estímulos que yo por lo menos no los tuve. De chiquito siempre dijo que quería ser jugador de básquet y que iba a ser jugador de básquet".


LA HERENCIA

"Siempre le dije que tenía que ser él mismo", del Cabezón para Juane

El apellido De La Fuente es uno de los más emblemáticos dentro de la historia de la Liga. Sin embargo, siempre es importante remarcar que siempre estamos ante caminos totalmente diferentes, y en este caso es que por un lado el padre fabrica su historia y por el otro el hijo realizará su propio recorrido, a libre elección. Con esto, Esteban siempre tuvo un concepto claro.

"Siempre le dije que lamentablemente carga con un apellido, y eso no está bueno. Desde siempre le dije que tenía que ser él mismo y que solamente él tenía el poder de decidir qué hacer. Si quería jugar al voley que lo haga, si quería ser pianista que lo sea, a mí me daba exactamente lo mismo, yo lo único que quería era que mi hijo haga algo que disfrutara, nada por compromiso o por herencia".

"Cuando dijo que quería ser jugador de básquet lo hablamos, obviamente siempre respetando las edades. Juane es muy centrado y le han pasado cosas que a mí no me pasaron. Nos ha tenido a tenido tanto a la madre como a mí como soporte, pero después cada uno tiene que atravesar su camino, y tiene que recorrer su propio camino".

"Obvio que yo como papá y como ex basquetbolista no me gustaría que se equivoque, pero bueno, la realidad es que las decisiones las va a tener que tomar solo él. Yo le doy muchas veces mi punto de vista en varios aspectos, no hablamos tanto de básquet como la gente cree, en ese sentido es muy parecido a mí. Cuando me viene a hablar es porque hay algo que no puede resolver, no creo que le dé miedo pero sí no saber qué decisión poder tomar. Y es lógico que eso le pase".

La asociación del apellido a veces puede confundir este punto. Y es que claro, no por la historia que hayan tejido los padres las responsabilidades o la misma mochila debe recaer en sus hijos. Esteban es claro en ese sentido y siempre ha tratado de quitarle esa especie de karma con los que el joven puede acarrear.

"Sé que tiene presión por ser 'el hijo de...', pero en una de las charlas que tuve le digo... 'Vos tenés el talento que yo no tuve hijo'. Y no se lo dije porque sea mi hijo, porque si le digo que tiene talento y no es así le estaría mintiendo a mi hijo y sería el peor. 'Tenés un montón de cosas que las vas a tener que explotar vos solo, no las va a poder explotar nadie por vos, y la única forma en la que las explotes va a ser tratando de escuchar, entrenando, esforzándote'. Esto no quita que haya algunas situaciones particulares. Le dije que no se ponga una presión antes de tiempo, le van a pasar un montón de cosas en las cuales no va a poder decidir, por obligación va a tener que estar presente, como en su momento yo me perdí cumpleaños, nacimientos, un montón de cosas. Siempre le digo que aproveche, hay un montón de situaciones que va a tener que vivir y está bueno que las viva. Sin descuidar de lo otro, se pueden hacer las dos cosas tranquilamente, no son el agua y el aceite".

Juane por su parte tiene una teoría muy práctica: si los padres no ejercen presión alguna, no tienen importancia los comentarios que puedan hacerse desde el exterior, desde personas que quizá sin medir el alcance de esos dichos pueden llegar a ser crueles para un joven que no todavía no tiene ni 20 años y que en algunos casos ya se les quiere poner cierta carga en los hombros por la imagen de sus padres.

El escolta no se olvida que su padre fue un grandísimo jugador, pero entiende que su historia propia va por otro camino, diferente a la huella que dejó Esteban. Y en tal caso, el asociamiento es bueno porque lo incentiva, pero nunca ir más allá de eso.

"Nunca en la mochila entró el ser el hijo de mi papá. A mi viejo lo voy a ver como mi viejo siempre, nunca como Esteban De La Fuente. Sí reconozco el pedazo de jugador que fue mi viejo, eso no lo voy a negar. Me hubiese encantado haber podido disfrutarlo a él en esa faceta, porque sé lo que jugó y la gente cuando me lo cuenta siento la emoción que me transmite. Yo también tomo eso, porque ahí hay cosas buenas. No sé si el día de mañana vaya a ser mejor, igual o peor que mi papá, pero lo que a mí me importa es ser quien soy yo toda mi carrera, y voy a hacer todo lo posible para eso, haciendo mi propio camino, no cambiar. Creo que es lo que los jugadores terminan haciendo, tratan de ser felices".

"A mí nunca me tocó sentir que si yo estaba jugando le faltaba el respeto a mi papá. Mucha gente te compara o te dice cosas, te dejan de lado para elogiar a mi viejo que se sabe que es la figura, que jugó, que salió campeón, se retiró y eso. Nunca fui de tomar lo malo de eso o chuparlo para adentro, ni decir que cada vez que juego mal castigarme porque no estoy cumpliendo mi apellido. Sí me frustraba y me sentía mal pero por mí, no por mi viejo o eso de cargar con un apellido".

"Cuando uno entra en este mundo la carrera es corta, no hay tiempo para perder. Yo por suerte tuve dos padres que nunca me presionaron a nada, ni cerca. Siempre tuve la oportunidad de elegir mi camino. Mismo hasta el día que elegí ser jugador profesional, nunca recibí una negativa. El tema del apellido también depende mucho de cómo te lo transmita tu viejo. Si esa persona te pone presión, entonces todos los comentarios que te hagan te van a ejercer presión. Si no sentís presión de tus seres queridos por el apellido, alguien que no conozcas o no te importe no debería ponerte mal", relata Juane.


PERSONALIDADES

Tanto Juane como Esteban coinciden en que ambos tienen un carácter similar, que se parecen mucho tanto dentro como fuera de la cancha. Y aquí, si hay algo que caracteriza al joven escolta de Quilmes, es la autocrítica. Es producto de la ambición a siempre ir un paso más adelante, y su padre ha destacado en más de una oportunidad que eso lo sacará de la zona de confort y lo llevará a superarse. En el caso de Juane, considera que la humildad es un factor clave, que fuera de la cancha puede convivir un poco con esa ambición, pero que nunca debe salirse de ese plano.

"Nace en casa, de cómo a uno lo educan. La humildad no hay que perderla nunca. Tampoco me hago el angelito, yo sé lo que soy cuando entro en una cancha. No de despectivo, porque la humildad no la tiene que tener, pero sí de creermela adentro de la cancha, eso no se tiene que perder porque uno tiene que ser el mejor cuando está jugando. Pero a la hora de salir de la cancha lo que tenés que criticarte tiene que ser crudo, esa es la realidad, no te podés mentir a vos mismo. Creo que esa es una de las primeras cosas que un jugador tiene cuando empieza a crecer, a madurar, a cambiar la mente", reflexiona Juane.

Sigo teniendo los mismos amigos que hice cuando era chico en el club. Dos de mis mejores amigos, y después tengo 4-5 amigos también que los quiero con todo el corazón. También es eso. El deporte es muy saludable, le enseña mucho a los chicos. Cuando quizá no pueden estar mucho tiempo en la casa porque tal vez los padres trabajan, en vez de estar en la calle, no haciendo nada o jugando en la computadora, pueden estar anotados en un deporte, estar ejercitándose, aprendiendo valores... está muy bueno eso de que los chicos pasen tiempo dentro de un club, compartiendo alguna actividad, como me pasó a mí.

Por su parte, Esteban sostiene que su hijo siempre fue muy observador. Desde sus primeros contactos con el básquet ya demostraba una capacidad interesante, eso también lo llevó a ser un estudioso del deporte, meticuloso, estando en los detalles, y lo recuerda con un clic que hizo Juane desde muy joven, jugando en infantiles, hasta con una anécdota junto al Loco Montenegro donde demostraba ese lado curioso.

"Era todo muy natural siempre en él, a la hora de jugar. Creo que entre los 13 y 14 años tuvo algún dejo donde implosionó, y dije '¡Puta, ¿En qué momento pasó todo esto?!'. Estaba todo el día acá, jugando en formativas, y empezó a jugar con categorías más grandes... jugaba con pibes de 18 años teniedo 13-14, y te dabas cuenta que ya los empezaba a incomodar. De chiquito lo veía hacer cosas sin haberlas entrenado que le salían naturalmente. Es un pibe muy observador, le gusta investigar cosas, ver jugadores viejos, pero bueno, eso también es producto del ambiente donde creció toda su vida".

"La realidad que Juane es muy autocrítico con su juego, y a mi entender los jugadores que llegan a algo son quienes tienen autocrítica y en base a eso buscan el crecimiento. Los comentarios hay que tomarlos con pinzas de todos lados. Uno no es tan bueno ni es tan malo como dicen. La suerte que tiene Juane es que muchas veces le cuesta hablar, es bastante cerrado, pero conmigo llega un punto donde esas cosas se hablan. Juane sabe muy bien cuando habla conmigo que si hay algo que le tengo que decir lo voy a hacer. Hemos tenido muchas charlas donde a veces por dentro pienso 'me va a mandar a la mierda en cualquier momento' (risas), porque yo hubiese mandado a la mierda a cualquiera a su edad. Y no, se la ha bancado, hemos discutido, debatido, pero siempre desde la buena leche. Es un pibe muy bueno".

"No me olvido más que un día vamos a jugar un partido a beneficio con el Loco Montenegro a Cutral Có, lo llevo a Juane y cuando lo vio a Hernán... obviamente, 2,08 metros, los pelos rubios... el Loco le decía 'No, porque tu papá esto y tu papá también aquello'... A los 2 o 3 días volvemos a Mar del Plata y en la computadora descubro que estaba buscando en Google a Hernán Montenegro. Cosas así. O me preguntaba así de un día para el otro 'Che, ¿Pichi Campana qué onda?', yo explicándole el jugador que fue, y a los días mirando los historiales en YouTube buscando qué tipo de jugador fue y buscando videos. Igual con los NBA. Jugadores viejos, actuales, todo. Siempre fue muy observador e historiador de distintos jugadores, de todo... capaz que hasta llegando a buscar información mía también".


EL APOYO DE PAPÁ

"Trato de inculcarle la cultura de entrenar, de trabajar, de cuidarse, de no olvidarse la edad que tiene porque también empezó a entrenar desde muy chico con la primera, y que hay muchas cosas que van a pasar, y que hay muchas cosas que uno no va a comprender a la edad que tiene. Más allá de que uno a veces entrena y entrena, y los resultados no se te dan, y la idea de esto es que por más que no se me dé esto tengo que seguir, seguir esforzándome y trabajando duro, primero para ser mejor y después para ser útil para el equipo que esté. Tratamos de estar en esas cosas. Y ya lo veo venir cuando es así... soy el papá, conozco las caras, los gestos, ya sé cómo viene y cómo va", explica Esteban.

Y agrega: "Juane ha tenido grandes entrenadores que lo han tratado de guiar. A mí me pasó también, y hasta he discutido con entrenadores y después con los años comprobé que tenían razón. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y uno tiene que entender que hay gente que trata de ayudarte o guiarte en un camino que recién está empezando, y ahí es donde yo trato de aportar. Pero primero que me deje Juane hacerlo, trato de no invadirlo, aunque cuando veo que viene muy mal me meto igual y que explote todo (risas)".

Por su parte, Juane sabe que tiene apoyo constante, tanto de su padre como así también de todo su entorno. Tanto mamá Inés (Etcheto), como su hermana (Amparo), como de toda su familia y sus amigos. El círculo íntimo del joven jugador es sin dudas su mejor lugar, donde más cómodo se siente y donde mayor honestidad y afecto recibe, además de los consejos y de saber que son de fierro.

"Siento mucho respaldo de mi familia. Siento que a mi papá y a mi mamá les puedo confiar lo que sea, mismo mi hermanita chiquita y ahora mi novia. Porque son mi familia, sé que ellos me quieren y quieren mi bienestar como yo el de ellos. Cuando mi viejo me aconseja trato de escucharlo mucho, sabe mucho de todas estas cosas que me pasaron a mí y que todavía tengo por pasar", explica Juane.


¿CUÁNTO ACONSEJAR?

Juane suma y suma más experiencia en estos últimos años (Foto: Diego Berrutti)

"Es complicado. Si bien uno lo hace de buena manera a su vez está como invadiendo siempre, y más en la adolescencia. Le digo las cosas como son y que tome la decisión que tome yo lo voy a apoyar obviamente, más allá de que me guste o no. Cuando fue esto de quedarse en Quilmes charlamos un montón porque ha tenido la posibilidad de irse a otros clubes, y me planteó que prefería quedarse, me dio sus razones y me parecían bárbaras. Me hizo entender que este año en Quilmes tenía la posibilidad de tomar decisiones, que es algo que lo va a ayudar a madurar. Me pareció acertado, lo acompaño en la decisión que tomó. Después en otros aspectos no trato de meterme mucho", cuenta Esteban.

Y claro, ese día a día debe ser un tanto particular para el Cabezón, que por momentos puede tener la intención de darle algunas palabras de más a su hijo pero a su vez sabe que es algo delicado, que esas cosas debe decidirlas Juane por sí mismo. Es parte de su crecimiento y desarrollo, eso está mucho más que entendido por Esteban, que argumenta no meterse mucho en la faceta basquetbolística, porque entiende que ahí ya tiene una guía en sus entrenadores por ejemplo.

"En cuestiones técnicas y tácticas creo que tiene que respetar siempre lo que le dicta el entrenador. Obviamente le doy mi punto de vista, a mí me pasó de chico también, que es dar mi opinión. Siempre creo que desde el punto constructivo dar tu opinión en cualquier circunstancia no está mal, ayuda al crecimiento, no solo para uno como jugador en su personalidad, juego y demás, sino también ayudar en la conformación o el resultado del equipo. Y esas cosas son las que quiero que mi hijo logre. No vale nada enojarse y no hablar, lo mejor es tratar de hablar, dialogar, pero siempre teniendo en cuenta que hay alguien que va a tomar una decisión y que muy pocas veces es el jugador. O sea, las decisiones que puede tomar el jugador son cuando está jugando, haciendo algo, tomando alguna decisión de juego, pero después siempre hay un plan de trabajo que uno tiene que tratar de respetar".

"Juane está en ese tramo de formar su carácter, no solo de juego sino su carácter como persona. Tratar de sacarle presión también es bueno. Yo siempre le digo que no olvide de divertirse porque tiene que tratar de hacerlo en esto que es un juego, siempre con una cuota de responsabilidad bastante alta porque ya no está jugando en formativas. Pero ahí va manejándolo. Juane es muy inteligente, arriesgó mucho más este año y está bárbaro porque está en una posición donde debe arriesgar mucho más desde el juego, pero tiene que también aprender a ver cómo son los distintos momentos. Pero esto también se lo va a dar la experiencia, el correr de los minutos y los partidos. Si queremos que a los 18-19 años sea un jugador maduro, yo que entreno formativas, estamos totalmente equivocados, no puede estar maduro a esa edad".


LA CONTINUIDAD DE JUANE EN QUILMES: UN AÑO PRODUCTIVO

Juane viene de tener un muy sólido año en Quilmes (foto: La Capital)

Como lo ha venido desarrollando desde sus inicios, este año Quilmes volvió a ser la segunda casa de Juane. El equipo marplatense pasó a la Liga Argentina para esta 2019/20 y, más allá de tener otras ofertas, decidió quedarse en un lugar que conoce tanto que sus armas para crecer pudieron desplegarse con una mayor soltura. A Juane se lo vio con confianza, con un muy aceptable nivel de juego y con partidos firmando planillas más que importantes. Todo parte del crecimiento y desarrollo que tuvo como objetivo en esta temporada.

"El año pasado cuando terminó la temporada tenía que tomar una decisión importante, porque yo podría haberme desligado del club en esa decisión y creo que prioricé jugar, la responsabilidad que podía llegar a tener en el equipo como uno de los anotadores principales, o tratando de ser el mejor defensor. Creo que tuve la oportunidad, me dieron el lugar que me habían dicho, tuve un lugar que un juvenil no está acostumbrado a tener con muchas responsabilidades ofensivas".

"Tuve partidos buenos pero también tuve partidos espantosos, donde aprendí un montón también. Uno no aprende ganando sino que aprende más cuando juega mal. Me sirvió, porque son maneras de jugar mal que quizá en otro equipo no tenía la posibilidad de equivocarme o jugar tan mal, que me den ese margen de error para equivocarme. Obviamente que no juego a equivocarme, pero al tener eso como respaldo creo que me pude desenvolver mucho mejor dentro de la cancha y con más confianza. Sabiendo que tengo además el apoyo de mis compañeros y el cuerpo técnico. Nace una confianza en mí que quizá mismo el año pasado o en otro equipo no hubiese sido así, porque no es normal que un juvenil tenga las responsabilidades que me tocaron a mí en el equipo con tantos mayores o tantos más grandes que él".


EL SALTO AL PROFESIONALISMO Y LAS PRESIONES

"Uno viene jugando desde formativas o selecciones formativas, y siempre es con gente de tu edad, no hay plata de por medio ni es un trabajo. Es distinto, es un cambio muy groso el profesionalismo y a mí la verdad es que me hizo caer en una nube en la que sentía que estaba. No hablo de una nube egocéntrica, pero sí de 'Bueno, tengo 17 años, estoy en la selección, me va bárbaro, entonces calculo que puedo estar a la altura'. Y no, no era así. Era arrancar todo de cero, no lo cuento como algo que sufrí, pero sí es un hecho de que si vos querés llegar a ser algo todos los días tenés que arrancar de cero. Vos no podés pensar en salir de tu zona de confort y entrar a otra zona de confort", detalla al respeto Juane.

Al respecto, Esteban tiene una visión muy particular que sin saberlo se asimiló un poco a lo que cuenta Juane. El Cabezón, apoyado en sus tantísimos años de trayectoria, explicó cómo fue su salto al profesionalismo, con qué situaciones se topó y lo importante que fue la guía de los mayores y los entrenadores que tuvo en ese sentido.

"El otro día hablaba en una charla por Instagram con Edu Dominé, con quien nos conocemos desde los 15 años, vive acá en Mar del Plata y somos íntimos amigos, un hermano para mí, le decía que tuve la suerte de tener entrenadores que vieron algo en mí más allá del presente, algo que yo no veía. Eso me llevó a quedarme por un momento en una meseta que es lógica de la edad, con esa idea de '¿Para qué voy a entrenar si yo juego igual?'. Absurdo. Porque uno a los 17-18 años todavía le falta muchísimo por aprender, y por suerte tuve entrenadores que me hicieron ver cosas. Me he peleado, refunfuneado y peleado, pero hoy por hoy veo que el árbol no ha tapado el bosque, y a mí el árbol por momentos me tapó el bosque... ¿Por qué quedarme si puedo ser mucho mejor?".

"A Juane le han pasado cosas duras. Ha tenido una lesión en el astrágalo que podía haber sido una lesión por estrés, y eso podría haber sido muy duro. Lo dejó afuera de un viaje de selección en Las Vegas. Y son todos momentos duros que uno tiene que aprender. Desde mi punto de vista le dí las cosas que me pasaron a mí; bajarme de un micro de una selección argentina de cadetes porque me tuve que quedar para jugar en River, sacarme ropa, dejarla y saber que el equipo se iba a Ezeiza mientras yo viajaba para Buenos Aires... lesiones, he tenido muchísimas y siempre traté de hacerme fuerte, tratar de recuperarme, tratar de no perderme en esas cosas. Situaciones que seguramente van a seguir pasando, pero aprender de todas esas cosas".

"En la etapa de formación hay que permitir que los jugadores se equivoquen. Y ahí creo que está uno de los errores grandes que puede haber en la etapa de formación, en esto de no permitirles a los jugadores que cometan errores. El jugador se puede equivocar y va a seguir equivocándose, el tema es tratar de apoyarlo y hacerle entender que fue o no una decisión buena. Ahí creo que el chico de formación, como es Juane, es donde se tiene que sentir apoyado, sin crucificarlo pero sí marcándole el camino. No está mal decirle al chico que hizo algo mal, está mal que se ponga muy mal por haber hecho algo mal. Remarcarle las cosas, pero que tome decisiones, porque este es un juego de toma de decisiones también. Las decisiones siempre van a traer consecuencias, que pueden ser buenas o malas, y ahí es donde uno debe prepararse. Y escuchar, escuchar mucho".

Volviendo a la palabra del joven jugador de Quilmes, Juane se explayó sobre este aspecto de lo drástico e importante que fue el cambio que afrontó en los últimos años y lo difícil que fue desde lo personal acarrear con esa situación. Por momentos dolorosa, pero finalmente, encontró su norte, se reacomodó y volvió a centrarse en el básquet.

La vida a veces te da un vértigo de las situaciones que pasan, sobre todo cuando, como pasó con el caso de Juane, te suceden muchas cosas de golpe entre partidos, selección, exigencias y demás. Obviamente que esto no hay que tomarlo como un peso, sino que son parte de un cúmulo de situaciones que un chico tuvo que manejar de repente. El proceso lo relata el propio escolta.

"En algún momento me pasó que no llegaba a disfrutar del deporte, los partidos. Lo primero que hacía mal era que no admitía lo que me pasaba. Mi vieja se cansó de preguntarme, mi viejo también, pero en cierto punto también fue un tema mío de pensar que me la tenía que bancar solo, que ya iba a pasar. Se hizo largo, un año, en una parte me lesioné, no volví como tenía que volver, entonces fue como toda una bola grande. Ahí asimilé que la venía pasando así de mal. Tampoco estaba en la ruina, que no se malinterprete, tenía 17 años. No perdía el foco, pero también sabía que no hay que perder las oportunidades. No soy de esos que piensan que el tren pasa una sola vez, yo creo que si uno se lo merece las posibilidades vuelven a pasar y las oportunidades se presentan día a día. Pero entre menos posibilidades pierda mucho mejor, claro".

"Hablando con mi mamá y mi representante llegamos a conclusión de arrancar con un psicólogo. Arranqué, me hizo bien, me vacié, también me saqué mucho peso de los Juegos Olímpicos porque fue masiva la gente que se movió y a mí me dejó con ese sentimiento que cada vez que íbamos a jugar de visitante había 20 o 30 personas que me habían ido a ver a mí. Chicos del club que jugaban, chicos de otros clubes de la ciudad, las chicas del femenino... era mucha gente que sentía que me iba a ver a mí. Capaz que no entraba en todo el partido, o capaz entraba y tocaba una sola pelota, y sentía que la gente se iba de la cancha sin ninguna impresión de mí más que de haberme visto en los Juegos y acá en Mar del Plata, que no me había visto. Eso me ponía loco. Es la primera vez que lo cuento".

"Al hacerse tan normal eso, dejé de preocuparme por mí, por cómo estaba jugando. Y no estaba jugando, y no hacía nada para salir de ese pozo de no jugar. Podría haber hecho quizá, no sé, entrenando el triple, poniéndome loco en defensa, podría haber hecho algún cambio actitudinal y tal vez habría cambiado todo pero en ese momento no lo pude hacer. Intenté, quise, pero no pude. Después con el psicólogo y yo mismo, volviendo a jugar tranquilo, haciendo las cosas que yo sabía, me pude reacomodar y encarar esta temporada de Liga Argentina de lo mejor".

Llegó entonces su continuidad en Quilmes, donde en esta temporada pasó a sumar minutos más que importantes que han sido un escenario clave para su evolución como jugador. Cumplirá recién 20 años en septiembre, y en esto claro, hay que tener en cuenta que la curva de desarrollo que aún tiene por recorrer es muy amplia.

No apurar tiempos y disfrutar del proceso, no temer a equivocarse ni desesperarse, sino aprovechar las oportunidades que se fueron presentando para seguir desplegando sus alas. Entender algunos de estos puntos fue clave para enderezar el timón. Sus medias de casi 28 minutos por partido donde contabiliza cerca de 16 puntos y 4 rebotes en esta 2019/20, respaldan este aprendizaje y disfrute.

"Tenía expectativas de esta temporada y sabía que me podía ir así como me fue. Tampoco estaba en la mentira de pensar que iba a promediar 20 puntos y rebotes, y ganar todos los partidos, porque no es así. Yo sabía que esta liga era para rozarme fuerte, aprender, tomar decisiones, ir a jugar a canchas difíciles, cosas que después capaz que uno no las vuelve a vivir. Nadie sabe qué va a pasar el año que viene, por eso yo sentía que esto lo tenía que vivir, como si me hubiese salteado un paso. De formativas ya quería pasar a la Liga, a estar en la Liga Nacional, jugar 15 minutos y meter puntos. Y no, no es así".

"Opté por quedarme en Quilmes, tenía otras ofertas que ya se saben pero opté por quedarme porque creía que era lo que me iba a hacer mejor a mí como jugador. Tenía que sentirlo en mi cabeza porque me estaba preparando para eso. Porque ese también hubiese sido otro tema, irme a jugar a otro lugar y dejar todo acá habría sido un problema más a toda esa pelota que yo estaba tratando de dejar de lado".

"Recibí ayuda de mucha gente. Hablé con ex compañeros que son amigos, para ver qué me convenía hacer, y poner todo en la mesa. Desde lo que me había pasado a mí, lo que sentía, si quedarme era una buena opción o si me iba a volver a estancar en el mismo pozo. Siempre en un rol que dependía de mí, como todo en mi carrera, depende exclusivamente de mí. Ahí lo tomé por el lado del desafío. Me dije 'Basta de demostrarle a cualquiera tal cosa, yo no tengo que demostrar nada, solo yo tengo que saber que soy capaz de hacer lo que me propongan'. Y por ese camino vamos".


LA VISIÓN DEL CABEZÓN SOBRE JUANE

"Por suerte Juane es alguien que quiere progresar, todos los días se pone o fija una meta, y eso está bueno. Eso te lleva a ser ambicioso, que en este negocio uno tiene que serlo, en el buen sentido de querer ser mejor jugador, algunos para ganar más plata, otros para ganar más títulos u otros para jugar mejor; y tenés que también tener algo de egocentrismo, lo malo es llevar ese egocentrismo fuera de la cancha porque eso te hace ser una persona detestable. Pero en este juego algo de ego alto tenés que tener, y la ambición de ir por algo más. Siempre. Sino te quedas en una meseta donde muchos se quedan porque es una zona de confort, obviamente. Y mira que existen muchos así. He tenido conocidos que han sido cracks, que siguieron jugando profesionalmente y demás, pero se quedaron ahí, no tuvieron esa ambición de ser mejores todavía. Se tienen que dar también un par de condiciones, físicas, algo de suerte siempre, pero después depende mucho de la ambición que tengas para progresar y ser mejor en lo que haces. Y acá te hablo no solo del básquet, de lo que quieras, en cualquier aspecto de la vida. Todos tienen que tener un poco más de ambición, sino te quedas en una zona donde estás cómodo pero a la larga se termina".

"Que trabaje y siga esforzándose siempre. Lo más difícil es disfrutar, porque hay veces que esto de ganar o perder y todo eso, entrás en una vorágine donde no disfrutás nada. Y es re loco, porque yo me choqué al profesionalismo, un día me dijeron que tenía que pasar por tesorería a cobrar y no entendía nada, tenía 15 años. Y ese principio de amor por lo que empezaste a jugar se transforma en profesionalismo, donde buscás el mejor contrato o el mejor equipo, que no siempre es donde estabas. Y al final de la carrera volves a jugar por el amor, sentir lo que sentiste a los 15, nomás que el cuerpo no te da para más, ya no querés subirte a un micro, ni viajar más. Pero ese último periodo, 1 o 2 de tus últimos años, son los que volvés a disfrutar de poder jugar. Así que eso también, que no pierda esa capacidad de seguir disfrutándolo al máximo, por más difícil que resulte".


LA VISIÓN DE JUANE SOBRE EL CABEZÓN

Juane y Esteban en una producción hace unos años para Planeta Naranja (foto: Planeta Naranja)

"Para mí es el mejor papá del mundo. Es mi papá, no lo voy a ver de otra forma, así como mi vieja es la mejor del mundo. Cuando yo nací mi viejo ya era bastante grande para lo que es la carrera de un basquetbolista, se habrá retirado cuando yo tenía 9 años, y nunca sentí que ponga primero al básquet antes que nosotros. Ni delante mío ni de mi hermana, nunca sentí que ponga al básquet primero".

"Por eso lo trato como mi papá y no como Esteban De La Fuente, porque yo tengo ese cariño hacia él y esa relación donde es mi viejo, sé que siempre estuvo y va a estar para mí. Me ayuda, me aconseja siempre con lo mejor, y es bueno para mí escuchar a alguien como él además porque vivió todo lo que yo estoy viviendo y lo que me va a tocar por vivir, quizá muy parecido a mí porque somos dos personas muy parecidas en cuanto a la personalidad. Sus consejos y palabras las tomo muy en serio, porque sé que siempre va a querer lo mejor para mí, como cualquier padre que siempre va a querer lo mejor para su hijo".

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