LNB · 08 de Diciembre de 2021

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El mito Pepo Barral, de un campus a quedar en la historia de Obras

El base de 27 años volvió a Núñez para seguir agigantando su leyenda en el Tachero. Un viaje a la historia y a la intimidad del hombre que regresó tras su paso por Europa.

Kevin Chareun

Hay jugadores tan trascendentales a los que se los conoce por su apodo. No hace falta aclarar su nombre ni su apellido para saber de quién estamos hablando porque alcanza con mencionar su sobrenombre. Ese es el caso del Pepo, Pedro Barral, el protagonista de esta historia.

Obras Sanitarias tiene motivos de sobra para celebrar: sumó una cara conocida para la continuidad de esta Liga Nacional que lo encuentra a mitad de tabla con récord de 4 triunfos y 4 derrotas. El Pepo representa un refuerzo de jerarquía en su retorno a casa: llegó a Núñez en su adolescencia y, a través de su perseverancia y un talento fuera de serie, se convirtió en un emblema del Tachero.

A casi dos temporadas de su salida al extranjero, con pasajes por Francia y España, el base retornó a su hogar. Y desde Prensa ADC nos comunicamos con el jugador de 27 años para repasar su trayectoria tanto deportiva como personal: su familia, los primeros dribles en AFALP, el arribo al Templo del Rock, la consagración como símbolo de la institución, la apuesta europea, las vivencias de Selección y el regreso al club de sus amores. Bienvenidos entonces al mundo de un Pepo más íntimo que nunca.

FAMILIA BARRAL: EL HERMANO DEL MEDIO

Su nombre es Pedro, pero todos lo conocen como Pepo. Y su historia de vida comenzó un 20 de octubre de 1994, día en que Lala trajo al mundo al segundo de los tres hijos que tuvo junto a Mito. Con tan sólo 3 añitos, Facundo esperaba ansioso poder saludar a quien sería su nuevo compañero de aventuras en la vivienda de Ciudad Jardín, sitio donde transcurrieron su infancia y donde -todavía hoy- van a visitar a sus papás. Más adelante, precisamente en el 2000, se completaría el quinteto ideal de los Barral con la llegada del menor, Francisco.

“Mi padre es arquitecto y mi madre Profe de Educación Física, hoy tiene su propio gimnasio. Facundo (30) comparte profesión con papá, y Pancho (21) estudia actuación, canto y danza. Los tres disfrutamos de las pasiones que encontramos desde chicos, y los viejos siempre nos guiaron y apoyaron en cada decisión. Somos muy unidos, nos llevamos súper bien y nos interesa la pasión del otro, entonces nos acompañamos mucho”, describe Pepo sobre una familia en la que cada integrante es, a su manera, un artista.

Claro, hoy es el del medio, pero en sus primeros recuerdos aparece cumpliendo el rol de hermano menor, aquel que busca seguir en cada andanza a su más cercano ejemplo. “Con Facu, al tener menos diferencia de edad y amar los dos el básquet, competimos desde chiquitos. Siempre fui calentón, nunca me gustó perder, y él no me facilitaba las cosas, ja. Eso también ayudó a forjar mi personalidad, carácter y temperamento. Además, venimos de una familia numerosa con muchos primos, se armaban varias rivalidades sanas, al igual que con amigos. Tuve una infancia muy linda, de jugar en la calle y tirar al aro en el patio de casa”, revive el protagonista de este cuento.

El interés por ir tras los pasos del hermano se trasladaría al club AFALP, la histórica institución de Lomas del Palomar que tenían a sólo dos cuadras de distancia y que albergaría las energías de Pepo prácticamente por una década. “Arranqué a los 4, sobre todo por seguir a Facu, que estaba fascinado con la peli ‘Space Jam’ y por eso empezó a jugar. Mi vieja lo llevaba al club y, para no dejarme solo, iba con él. Se ve que me entusiasmé, porque al tiempo me sumé a los entrenamientos”, repasa el base sobre sus primeras incursiones en el mundo de la americana.

DESARROLLO Y CONSAGRACIÓN EN OBRAS

En 2011, Pepo se presentó a un campus organizado por Obras Sanitarias, donde deleitó a los entrenadores de la entidad de Núñez con su habilidad y desparpajo. Así fue que, a sus 15 años, se sumó al Tachero en busca de continuar su formación y empezar a rozarse con el profesionalismo. Con 17 recién cumplidos, tuvo su debut en la Primera categoría de la mano de uno de los mejores maestros que le podría haber tocado, Julio Lamas. Y así lo rememora Barral: “Fue increíble, y no sólo por Julio, que no hace falta hablar de su calidad de entrenador y sus conocimientos que me ayudaron muchísimo en mi desarrollo. También había un plantel impresionante, con jugadores de experiencia, de los cuales intenté absorber todo. Y se fue dando de manera progresiva: primero sólo entrenaba, luego me vestía en los partidos y después empecé a tener algunos minutos”.

Aquel fue un año glorioso para el Tachero: por un lado, conseguiría el título de Liga Sudamericana ante Pinheros de Brasil; por el otro, el gran Luis Scola decía presente en los entrenamientos del club debido a que la NBA se encontraba temporalmente bajo cierre patronal. “Ya estaba con el plantel mayor cuando se dio esa posibilidad espectacular de que Luis entrene con nosotros, me acuerdo como si hubiera pasado hace días. Encima estaba ‘Pipa’ Gutiérrez en un momento tremendo, el ‘Oso’ Osimani, Julio Mázzaro, americanos muy buenos e Iván Najnudel como asistente. Era un aprendizaje constante, con un grupo que ayudaba a los jóvenes. Disfruté muchísimo esa etapa, con las frustraciones y dudas de todo chico, pero la recuerdo con mucha felicidad”, comenta Pepo respecto del dichoso momento.

Paulatinamente, Barral fue ganándose su lugar, sumando protagonismo, adquiriendo responsabilidades y estampando cada vez con más fuerza su nombre en la LNB. En la temporada 2016/17, dio un salto de calidad y obtuvo la titularidad, mientras que en la 2018/19 se insertó definitivamente entre los mayores exponentes de nuestra competencia, siendo elegido el Mejor Base, con números de 13.3 puntos, 5.8 asistencias y 2.6 rebotes por encuentro. En mitad del siguiente torneo, en el que prolongó su rendimiento y hasta incrementó sus estadísticas, Pepo decidió abandonar su zona de confort, cruzar el charco y probarse en el exterior.

DE DOMINAR LA LIGA A PELEARLA EN EUROPA

En el verano de 2020, firmó con el ALM Évreux de la Pro B francesa, pero el parate de la actividad provocado por el COVID-19 y sus posteriores lesiones, derivaron en la salida del club galo casi sin ver actividad al correr de un año. En enero de 2021, el armador se calzaría la camiseta del Girona para disputar la LEB Oro española y, tras unos buenos meses de reencontrarse con el parquet, volvió en agosto a la segunda división de Francia para defender los colores del Saint Quentin.

“Esta última etapa de mi carrera me hizo entender muchas cosas, reflexionar y crecer de gran manera, no tanto quizás en lo deportivo, pero sí en lo mental. Fue distinto a lo que me venía pasando, porque venía de un lugar, una forma de trabajo y una liga donde me sentía muy cómodo, pero me quería probar en una competencia desconocida y con compañeros diferentes”, comenta Barral sobre su sueño europeo. “Fui en esa búsqueda, muy contento del paso que estaba dando, pero en el medio se dio la pandemia, con todo lo que eso conllevó. Al principio en Francia, me sentía bien, adaptándome, pero me tocó estar alejado de las canchas por las restricciones y lesiones, por lo cual no pude encontrar la regularidad que me hubiese gustado”, analiza respecto del inicio de su travesía. 

“El paso por Girona fue un lujo, me llevé cosas súper positivas y conocí gente increíble, aunque tuve otro año complicado producto de una mala recuperación. Fue una temporada difícil, jugué con mucho dolor, pero terminé con participación y eso me gustó mucho”, revela Pepo sobre su desempeño en el club del cual es fundador y también actual jugador el pivote Marc Gasol. Luego de retomar vuelo en España, Barral volvió al ascenso francés, pero tras nuevas complicaciones musculares fue cortado por el Saint Quentin. El llamado de su amado Obras Sanitarias no se hizo esperar, y con la confirmación de su regreso daba por finalizada su primera expedición en el extranjero.

“Principalmente, trato de sacarle presión a la situación y no poner ahí toda mi energía. Trabajo mucho con un psicólogo, mientras que mi familia y mi pareja, Cami, han sido incondicionales. No creo que haya sido todo malo, valoro un montón de aspectos positivos que se dieron en Europa. Hoy me siento más maduro y puedo disfrutar de otras cosas”, se explaya Barral. Y en tono de reflexión, señala: “Las que me tocó atravesar, como algún corte, lesiones y vaivenes emocionales, son situaciones que casi todo deportista profesional debe enfrentar en su carrera. Fueron complejas y debí asimilarlas, pero esas adversidades también me llevaron a ser lo que soy hoy, alguien más fuerte y preparado, que sigue con las mismas ganas de crecer. Está en uno levantarse ante cada caída”. 

Incluso desde lo deportivo hubo cuestiones para rescatar, como su evolución en el denominado “entrenamiento invisible” al que Pepo hace referencia argumentando: “Elevé mucho mi ética de trabajo, estoy más armado corporalmente y mejoré en cuanto a movimientos preventivos y alimentación. Si bien todavía busco mi fórmula ideal, crecí mucho en estos apartados”.

Yendo específicamente al intercambio cultural y las particularidades de tan rica experiencia, Barral se divierte explicando que “en Girona formamos un gran grupo, y con mi pareja salíamos mucho a recorrer la hermosa ciudad, quedamos enamorados. Aprendimos francés tomando clases con el venezolano Jhornan Zamora y su novia, nos reíamos muchísimo. Al primer tiempo, íbamos al supermercado, y cuando llegábamos a casa nos dábamos cuenta que comprábamos cualquier cosa. Y como en el pueblo en que estábamos no manejan mucho inglés, sumándole mi timidez, fue todo un tema ir a cargar nafta o a la farmacia. Era un show, cada vez que volvíamos nos contábamos las anécdotas del día, porque prácticamente nos comunicábamos con señas”.

EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO 

Pepo Barral está atravesado por Obras. Y Obras está atravesado por Pepo Barral. Tal es así que hablamos del jugador con la máxima cantidad de partidos disputados y también el mayor asistidor en la historia del club. No por nada, fue la primera opción del chico de 1m87 a la hora de buscar su “nuevo” destino. “Estoy muy contento de que nuestros caminos se encuentren otra vez. Quiero mucho a esta institución y su gente, y una de las razones de la vuelta es porque conozco su ética de trabajo, lo cual considero muy valioso. Y, si bien conozco a varios de los chicos, lo tomo como un desafío y proyecto nuevos, porque el cuerpo técnico es distinto, con otros jugadores y algunos que estaban todavía en Liga de Desarrollo cuando me tocó irme”, declara el base.

“Yo también soy alguien distinto al que se fue. Estoy adaptándome, hay compañeros que juegan muy bien y me están dando una mano grande para insertarme en sus sistemas y filosofía. Estoy con muchas ganas de ponerme bien y colaborar para llegar a la mejor versión del equipo”, expone Pepo. Mientras que, al momento de hablar sobre su rol y los objetivos del plantel de Bernardo Murphy, aclara: “Es cuestión de ir encontrando el espacio que Bernardo pretende que ocupe, y será fundamental tener paciencia en el proceso. El objetivo es enfocarnos en el trabajo del día a día y dejarnos sorprender. Si nos aferramos al potencial del grupo y somos constantes, siento que pueden ocurrir cosas muy buenas”.

Hasta hoy, el peruano Juan Pablo Venegas viene haciendo un estupendo trabajo manejando los hilos del Tachero. A priori, Barral será una importante alternativa del juvenil, teniendo la posibilidad de compartir la base, como alguna vez lo hizo con Fer Zurbriggen. “Junto a Juanpi y Joaco (Rodríguez) podemos hacer una sociedad buenísima. La idea es ser ese jugador que pueda medir los momentos, que tenga la capacidad para organizar y tranquilizar el ritmo cuando el partido esté demasiado acelerado”, considera Pepo. Y en cuanto a su colega de posición, opina: “Conozco al ‘Chipi’ (Venegas) de hace tiempo y sé la calidad que tiene, por eso no me sorprende su nivel, realmente no tiene techo. Sabía que al tener rodaje iba a explotar, porque es un chico talentoso, dedicado, humilde y sobre todo muy buena persona”.

PEPO DE SELECCIÓN

Los primeros pasos de Barral con la camiseta argentina se remontan a los años 2012 y 2013, integrando los seleccionados Sub18 y Sub19 respectivamente. Al propósito, Pepo relata:“En el Premundial de Brasil jugamos por caso ante Marcus Smart, Julius Randle, Jerami Grant y Jake Layman, y en el Mundial del año siguiente contra tipos como Nicola Jokic, Darío Saric o Aaron Gordon, que hacían una diferencia física tremenda y ya se veía su futuro. Tengo el recuerdo muy presente, yo estaba fascinado, no sólo por enfrentarme a esos monstruos, sino también por el placer y la ilusión de ponerme esa camiseta por primera vez”. 

En armonía con el estupendo período que transitaba, la citación a la Selección Mayor llegó en febrero de 2020, para una doble fecha de Eliminatorias ante la Vinotinto. El primer juego fue caída como local, mientras que el duelo en el Poliedro de Caracas tuvo sabor a hazaña, remontando una diferencia de 22 puntos y teniendo a Barral como figura, con 11 unidades y triple decisivo incluido. “Estoy muy feliz de haber tenido la oportunidad, fui con el chip de adquirir conocimientos, observar todas sus formas, y pude quedarme con un gran aprendizaje del cuerpo técnico de Oveja (Hernández). Viví todas las emociones: nervios, ansiedad y una alegría incomparable. Y el habernos traído ese durísimo partido de Venezuela es un sentimiento que no me olvido más”, afirma el Rockero sobre su debut con El Alma.

Para las últimas ventanas, Pepo se encontraba todavía sin club, pero esa no fue razón para que su nombre no se incluyera en la nómina de 24 preseleccionados por Néstor García. Así de grande es su consideración en el básquet nacional. No integró la convocatoria final, pero su citación fue un voto de confianza del nuevo cuerpo técnico argentino. “Siempre es lindo que te tengan en cuenta, y trabajo para tener esa posibilidad, porque es algo increíble poder representar a tu país. Entiendo que eso parte de una constancia y rendimiento que hoy no tengo, por estar fuera de las canchas, así que debo enfocarme en eso. Si se da una convocatoria sería buenísimo, pero mi primer objetivo es trabajar cada día, responderle a mi club y buscar la regularidad que tanto quiero”, manifiesta.

LA PERSONA DETRÁS DEL JUGADOR

A pesar de sus jóvenes 27 años, se expresa como un verdadero veterano. Las razones pueden ser diversas: será que el parquet es su hábitat natural casi desde la cuna, que los mentores con los que compartió vestuario se encargaron de formar un sabio discípulo, o que la enredada excursión por el Viejo Continente valió unas cuantas lecciones de vida. Lo cierto es que Pepo volvió a vestirse de negro y amarillo, y está listo para volver a ser. “Estoy muy agradecido a la organización que actualmente confía en mí, y que también lo hizo en mi preparación. Con algunas temporadas con más dificultades e incertidumbres que otras, pero siempre aferrándome a una mentalidad de entrenamiento y perseverancia que todavía mantengo. Hoy miro todas esas ligas en retrospectiva, y veo un Pepo que trabajó y se esforzó muchísimo, que fue dando esos pequeños pasos que lo incentivaban cada vez más”, opina Barral.

“Soy de mirar series, leer bastante, darme maña con la cocina, tomar mate y compartir con mi familia y amigos, sobre todo ahora que hace tiempo no los veía. Estudié algunos cursos relacionados al liderazgo y organización de empresas, y me gusta mucho la fotografía también, pero la realidad es que desde chico me enamoré del básquet y nunca se me cruzó algo más por la cabeza”, indica el jugador respecto de sus intereses y costumbres fuera de la cancha.

Finalmente, para culminar el viaje a lo profundo de su ADN, Pepo confiesa ser “un apasionado por lo que hace, que está en constante aprendizaje y que trata de tomar cada situación, ya sea positiva o negativa, para sumar experiencia y no dejar de crecer. Y a la vez, alguien que busca disfrutar del proceso y no simplemente ir en busca de un resultado, ya que soy un privilegiado de poder hacer lo que amo todos los días”. 

Base de los de antes. Talentoso, pensante, líder. Control del juego, dominio del pick and roll, capacidad para romper defensas, llegar al aro o asistir al compañero mejor ubicado. Son tan sólo algunas características del prestigioso refuerzo de Obras Sanitarias, que conoce los pasillos del Templo del Rock como si los hubieran diseñado Mito y Facu, como si ahí impartiera sus clases la profe Lala, como si allí actuara Pancho o como si se tratara del patio de su infancia en Ciudad Jardín. Sonrían, Tacheros. Pepo está en la casa.

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